¿Por qué me cuesta aceptar cumplidos? Cuando minimizar tus logros se convierte en un hábito

¿Te ha pasado haber deseado durante mucho tiempo que alguien reconociera tu esfuerzo, valoraran el trabajo que has hecho, que se dieran cuenta de algo que se te da bien o que una persona importante para ti apreciara alguna de tus cualidades? ¿Y, sin embargo, cuando ese reconocimiento ha llegado, algo dentro de ti se ha incomodado? Respondiendo, por ejemplo, “”bueno, tampoco es para tanto” o “he tenido suerte”.

A veces incluso podemos no saber qué contestar o tener la necesidad de explicar inmediatamente por qué aquello que nos están reconociendo no tiene tanto mérito.

Si te identificas con estas situaciones y piensas «no sé aceptar cumplidos» o «me cuesta recibir elogios», quizá la cuestión no esté únicamente en cómo responder cuando alguien te dice algo positivo.

Puede ser interesante preguntarnos algo más profundo: ¿por qué nos resulta tan fácil identificar aquello que hacemos mal y, en cambio, nos cuesta tanto aceptar aquello que hacemos bien?

¿Por qué me cuesta aceptar cumplidos?

La dificultad para aceptar cumplidos puede tener explicaciones muy diferentes: La manera en la que hemos aprendido a valorarnos, nuestra autoestima, el nivel de autocrítica con el que convivimos o determinadas experiencias de crítica y comparación pueden influir en cómo recibimos la valoración de los demás.

Porque un cumplido no llega a un espacio vacío. Lo interpretamos desde la imagen que ya tenemos de nosotros·as mismos·as. Si hemos construido una percepción interna en la que predominan nuestros defectos, errores o aquello que todavía deberíamos mejorar, puede resultar difícil integrar una valoración positiva que no encaja con esa imagen.

Esto no significa que toda persona a la que le cuesta aceptar cumplidos tenga necesariamente un problema de autoestima. Podemos ser reservados·as, sentirnos incómodos·as cuando somos el centro de atención o, sencillamente, no estar demasiado acostumbrados·as a recibir elogios.

Hay una diferencia entre pensar «no me gusta demasiado llamar la atención» y sentir que aquello positivo que los demás ven en nosotros no puede ser verdad. En este segundo caso, puede ser interesante prestar atención a lo que ocurre dentro de nosotros·as cuando alguien nos reconoce algo.

¿Qué pensamos cuando alguien nos dice algo bueno sobre nosotros·as?

Muchas veces rechazamos un elogio de manera tan automática que apenas somos conscientes de lo que acabamos de hacer. Sin embargo, si nos detenemos a observarlo, suelen aparecer pensamientos como estos:

  • «No es para tanto»:  Restamos importancia al logro casi inmediatamente. Aquello que, si lo hubiera conseguido otra persona, probablemente valoraríamos, en nuestro caso parece perder mérito.
  • «He tenido suerte»:  En ocasiones atribuimos nuestros resultados principalmente a circunstancias externas: el azar, la ayuda de otras personas, que la situación era sencilla o que “cualquiera podría haberlo hecho”. Por supuesto, nuestros logros no dependen exclusivamente de nosotros·as y reconocer los factores externos es saludable. La dificultad aparece cuando estos factores sirven sistemáticamente para borrar nuestra propia participación: nuestro esfuerzo, nuestras capacidades o las decisiones que también contribuyeron al resultado.
  • «Si me conocieran de verdad, no pensarían eso»: Podemos sentir que la valoración positiva de otra persona se debe a que todavía no nos conoce lo suficiente. De alguna manera, nuestra mirada interna adquiere más credibilidad que la externa: “Si supiera cómo soy realmente, no diría esto”. El problema es que esta idea puede hacer prácticamente imposible integrar una percepción positiva de nosotros·as mismos·as. Si alguien nos critica, encontramos una confirmación de lo que ya pensábamos; si alguien nos valora, concluimos que no nos conoce suficientemente bien.
  • «Lo dicen para quedar bien»: Otra posibilidad es desconfiar directamente del reconocimiento. Pensamos que la otra persona está siendo amable, exagerando o diciendo lo que cree que queremos escuchar. De nuevo, el elogio queda invalidado antes siquiera de que podamos plantearnos si quizá hay algo de verdad en él.
  • «La próxima vez no lo haré tan bien»: En lugar de permitirnos disfrutar del logro, aparece una nueva exigencia: mantener el nivel, repetir el resultado o demostrar que aquello no fue casualidad. El reconocimiento deja entonces de sentirse como algo agradable y puede convertirse en presión: «Ahora esperan esto de mí».

¿Por qué minimizamos nuestros propios logros?

Hay diferentes motivos que pueden contribuir o explicar por qué te cuesta recibir elogios:

  • Una autoestima que no encaja con la valoración positiva: Nuestra autoestima no depende únicamente de saber enumerar nuestras cualidades. También tiene que ver con la manera en la que interpretamos quiénes somos y cuánto valor atribuimos a nuestras capacidades, necesidades, decisiones y logros.

Si existe una creencia profunda como «no soy suficientemente bueno·a», «los demás son mejores que yo» o «tengo que demostrar mi valía», un cumplido puede generar una especie de contradicción interna. Y muchas veces resulta más sencillo rechazar esa información nueva que cuestionar una creencia que lleva años acompañándonos.

  • La autocrítica pesa más que el reconocimiento: Cuando existe una autocrítica elevada, podemos dar mucho más peso a aquello que confirma nuestros errores que a la información que habla de nuestras capacidades. No significa necesariamente que no escuchemos los comentarios positivos, sino que no les concedemos el mismo valor.

El resultado puede ser una percepción desequilibrada de nosotros·as mismos·as: conocemos con muchísimo detalle todo lo que deberíamos mejorar y apenas registramos aquello que ya hacemos bien.

  • Haber aprendido que destacar no está bien: También podemos haber crecido en entornos en los que destacar, hablar de los propios logros o sentirse orgulloso·a de uno·a mismo·a estaba asociado a ser arrogante, presumido·a o egoísta.

Frases como «no te lo creas demasiado», «no presumas» o «hay que ser humilde» pueden transmitir mensajes importantes sobre cómo debemos relacionarnos con el reconocimiento. La humildad no implica negar nuestras capacidades. Sin embargo, a veces aprendemos a confundir ambas cosas.

Podemos reconocer algo que hacemos bien sin sentirnos superiores a los demás. Del mismo modo que podemos aceptar un elogio sin convertirlo en una verdad absoluta sobre quiénes somos.

  • El perfeccionismo y la sensación de que nunca es suficiente: Cuando nuestro criterio para considerar que algo está «bien» es extremadamente exigente, resulta difícil sentir que un logro merece realmente reconocimiento. Siempre existe algo que podría haberse hecho mejor. Puedes leer más sobre perfeccionismo y autoexigencia en nuestro artículo de blog Autoexigencia y Diálogo Interno: por qué tu Mente te Bloquea

¿No aceptar cumplidos significa tener baja autoestima?

No saber aceptar elogios no equivale automáticamente a tener baja autoestima.

Hay personas a las que simplemente les incomoda recibir demasiada atención. Otras han aprendido determinadas normas sociales sobre la modestia o humildad. También podemos sentirnos cómodos·as con algunos tipos de reconocimiento y no con otros.

Por eso, más que preguntarnos únicamente si aceptamos o rechazamos los cumplidos, puede ser útil observar qué ocurre internamente cuando los recibimos. Algunas preguntas poderosas para ahondar en ello son:

  • ¿Sientes vergüenza porque no sabes cómo reaccionar? ¿O realmente piensas que la otra persona se equivoca?
  • ¿Puedes reconocer aquello que has hecho bien aunque no te guste recibir atención? ¿O necesitas encontrar rápidamente una explicación que quite valor a tu logro?
  • ¿El cumplido te resulta simplemente incómodo o activa inmediatamente una sensación de fraude, insuficiencia o miedo a decepcionar?

La respuesta a estas preguntas puede ofrecernos mucha más información que el simple hecho de saber o no cómo recibir cumplidos.

Señales de que estás minimizando tus propios logros.

Es posible que hayas normalizado tanto esta forma de tratarte que apenas la percibas. Algunas señales que pueden ayudarnos a identificarla son:

  • Restas importancia a aquello que consigues.
  • Atribuyes tus éxitos principalmente a la suerte o a circunstancias externas.
  • Te cuesta hablar de tus capacidades sin sentir que estás presumiendo.
  • Cambias rápidamente de tema cuando alguien te felicita.
  • Cuando consigues algo, piensas inmediatamente en lo que podrías haber hecho mejor.
  • Necesitas reconocimiento externo, pero cuando lo recibes te cuesta creerlo.
  • Te comparas habitualmente con personas que consideras mejores que tú.
  • Sientes que todavía tienes que demostrar tu valía, independientemente de lo que ya hayas conseguido.

Podemos pasar mucho tiempo intentando alcanzar una sensación de suficiencia que nunca termina de llegar. No necesariamente porque no consigamos cosas, sino porque cada vez que conseguimos algo encontramos una forma de invalidarlo.

¿Cómo aprender a aceptar un cumplido sin sentirte incómoda?

Aprender cómo aceptar un cumplido no significa obligarnos a estar de acuerdo con todo aquello positivo que los demás dicen de nosotros·as.

El objetivo puede ser bastante más sencillo: empezar a no rechazarlo automáticamente y a identificar nuestro diálogo interno.

  1. Empieza simplemente por decir «gracias». Si alguien te dice algo positivo, prueba a responder únicamente: «Gracias». Sin justificarte o dar explicaciones. Puede parecer algo muy pequeño, pero nos permite practicar una respuesta diferente a la habitual. Aceptar que alguien valore algo de nosotros·as no significa que tengamos que sentirnos completamente cómodos·as con ello desde el primer momento.
  2. Observa qué pensamiento aparece después. Después de recibir el cumplido, intenta detectar qué hace tu mente. Puede que aparezcan pensamientos del estilo «No es verdad», «Está exagerando», «Cualquiera podría hacerlo», «Tampoco ha sido para tanto»…

No necesitamos sustituir inmediatamente estos pensamientos por otros completamente opuestos. Podemos empezar simplemente observando el automatismo y preguntándonos: ¿Estoy valorando esta situación con el mismo criterio que utilizaría si le hubiera ocurrido a otra persona?

¿Cuándo puede ser útil trabajar esta dificultad en terapia?

Que te cueste aceptar cumplidos no significa, por sí solo, que necesites iniciar un proceso de psicoterapia. Sin embargo, puede ser una pequeña manifestación de una dificultad más amplia en la manera en la que te valoras y te relacionas contigo.

Puede ser interesante plantearte pedir ayuda profesional si:

  • existe una sensación persistente de no ser suficiente
  • te cuesta reconocer prácticamente cualquier logro
  • la autocrítica ocupa demasiado espacio
  • necesitas constantemente la aprobación de los demás y, aun así, nunca parece suficiente.
  • Sientes miedo frecuente a decepcionar
  • sientes que tienes que demostrar continuamente tu valía
  • notas que está afectando a tus relaciones, a tu trabajo o a las decisiones que tomas.

En terapia podemos explorar de dónde procede esa mirada tan exigente, qué experiencias han contribuido a construirla y aprender progresivamente a relacionarte contigo mismo·a desde un lugar más equilibrado, en el que puedas reconocer tus dificultades relacionándote de otra forma con ellas.

En Lume Psicología, centro de atención Psicológica en Madrid y online, podemos acompañarte en este proceso, desde una perspectiva adaptada a tu historia y a tus necesidades.

Conclusión

Aceptar un cumplido no significa asumir que todo lo que los demás dicen sobre nosotros·as es cierto. Tampoco necesitamos convencernos de que somos maravillosos·as, ignorar nuestros errores o dejar de reconocer aquello que queremos mejorar.

Podemos saber que tenemos aspectos que trabajar y, al mismo tiempo, reconocer nuestras capacidades. Podemos cometer errores y valorar nuestros logros. Podemos querer seguir creciendo sin vivir permanentemente desde la sensación de que todavía no somos suficientes.

Quizá una mirada más equilibrada hacia nosotros·as mismos·as empiece precisamente ahí: en dejar de utilizar criterios diferentes para valorar nuestros errores y nuestros aciertos.

La próxima vez que alguien vea algo bueno en ti, quizá no necesites creértelo por completo. Puede ser suficiente con detenerte un momento antes de negarlo. Porque aprender a mirarnos de una forma más amable no consiste en dejar de ver aquello que nos cuesta, sino en permitirnos ver también todo aquello que, durante demasiado tiempo, hemos aprendido a minimizar.

Hola, soy Laura

Psicóloga sanitaria y con formación en Mindfulness y gestión emocional

Desde Lume Psicología, busco facilitar un espacio respetuoso, seguro y reconfortante en el que puedas abrirte, pensarte y conectar con aquellas emociones, pensamientos, sucesos y/o partes de ti que no te resultan tan agradables.

Busco acompañarte en este camino para ayudarte a sanar y cultivar un estado de calma y bienestar.

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